Thursday, June 25, 2009

Katy Grannan: Dream America




Ghent es retratada frontalmente. Ella es reclutada a través de un anuncio en el periódico que busca modelos sin experiencia. Gracias a esta dinámica y a un pago de 50 dólares Katy Grannan, fotógrafa graduada en Yale, pudo entrar a la casa de este ser anónimo y mostrarnos esta poderosa serie de retratos: Dream America.

Katy Grannan consigue acceder al entorno íntimo de los seres anónimos realiza un proyecto que provoca una serie de reacciones encontradas, también muchas preguntas: ¿porqué los seres imperfectos se desnudan frente a una total desconocida?¿porqué la fotógrafa decide quedarse con la imagen de el norteamericano anónimo? ¿porqué la fotógrafa busca la pose provocadora? ¿porqué retrata la falta de belleza?

Definitivamente el camino que Katy Grannan decide tomar no es precisamente el de la mirada dulce y familiar. La fotógrafa toma la decisión de entrar a hogares de personas de escasos recursos y explorar no solo el entorno, sino los límites del retrato. Grannan lleva al límite la relación del retratado con el sujeto. El ser imperfecto es llevado a su límite: muestra su entorno íntimo, devela su cuerpo. El exhibicionismo lleva al espectador a experimentar una serie de reacciones que oscilan alrededor del deseo. Por momentos las imágenes de los seres desnudos y anónimos son extremadamente provocadoras y estimulantes.

Katy Grannan consigue por medio de esta serie una belleza que a mi como espectadora me conmueve y me provoca. Este proyecto refleja desde lo íntimo la mirada y el deseo de la sociedad norteamericana. Una sociedad que es construida por seres no representados, marginados, algunos segregados. En la serie Dream America la artista reta los límites del retrato y mueve al espectador en distintos niveles. Sus retratos habitan el terreno documental pero a la vez extremadamente artístico. Poseen una carga psicológica tremenda, un transfondo sociológico profundo y una fuerza conmovedora y entrañable.

Sunday, June 21, 2009

Hotel Belmar


Friday, May 22, 2009

Petigrís

Erase una vez un bello animal de cola larga, peluda y esponjosa que nació en un lugar hediondo y deplorable a los ojos de nadie. Habitaba un espacio de grito y pecado. Vivía solo. Abandonado. Por sus circunstancias, se vio obligado a ganarse la vida indagando en basureros, bebiendo agua de los escusados, rogando caricias de extraños, amando lo ajeno y sobreviviendo en la detestable cantina El Cabucho en Mazatlán.

Se conformó con huesos, patadas, regaños y poca piedad hasta que un día, mi mamá lo encontró pequeño y desvalido en un terreno baldío y se dio a la tarea de darle un hogar. La labor de rescatar al animal no fue sencilla, debido a que había que traer a vivir a la casa a la bestia para que conviviese con un marido alérgico a los gatos, con un perro alérgico a los felinos y con una familia amante de los canes.

Había que tener una táctica para la conquista y como no existe regla más básica para la atracción que la limpieza, se usó el agua y el jabón como estrategia de encanto. Ahí estaba él, oloroso, con una mirada pura e inocente, en un despertar de una vida llena de maltratos recibiendo caricias y mucha agua. Había que hacerlo olvidar a los borrachos, los miados, la cerveza y la vida sin amor. Ahora limpio, el felino podría ser presentado con el personaje alérgico de nuestro hogar: mi padre.

Como gran estratega, mi madre se dio a la tarea de llevar al animal por sorpresa al lugar más íntimo y tranquilo para su marido: su cama. Esa tarde mi mamá depósito el animalito indefenso en su lecho mientras mi papá hacia la acostumbrada siesta del sábado. Mi padre, al sentir el movimiento de un ser de cuatro patas en su cama, abrió los ojos y gritó: ¡Tiene la cola de ardilla! y como mi padre tiene un buen corazón, a partir de ese momento prometió amar y respetar al gato para toda la vida.

Su físico fue destino, y Cola-de-ardilla lo nombraron. Al igual que los indios americanos nombraron en su tiempo Hombre-blanco-cara-de- oso, Hombre-oscuro-patas-de-águila o Mujer-bella-cara-de-cóndor. La razón de su alias es indudable: posee una cola peludita y acariciable como la de un petigrís. Cariñosamente lo nombramos “Colita” y cuando corremos a la búsqueda del gato alrededor de la cuadra gritamos incontroladamente ¡Colita!, ¡Colita!, ¡Colita!, ¡Colita!

Posee un carácter dulce y sincero. Utiliza sus patas no para aruñar, sino para acariciar, sus maullidos no para pedir comida, sino para pedir cariño. No sabe abrir puertas y es incapaz de tramar un escape tempestuoso a media noche. Su pata está dispuesta siempre a matar a cualquier rata, cucaracha o cachora. Menea su cola constantemente y la extiende, orgulloso, siempre que quiere ser visto y admirado.

Le gusta encontrar oasis escondidos dentro de mi hogar: por veces lo he tenido que jalar de la cola porque lo veo casi sumergido en el vaso de agua de mi padre, en un lavamanos o bien en la tasa del escusado. Colita descansa por el día y pretende por las noches, conquistar la cima de un árbol, trepar hacia el libro más alto de la estantería o dormir en la cama de algún ser ausente.

Le gusta recibir caricias, de ser posible en su cuello o en el pecho, y tan pronto uno disponga su mano cerca de su cuerpo, el intentará acercarse y ronronear para que el amor dure el mayor tiempo posible. Escucha atento la música al punto en que ha podido contemplar al lado de mi padre operas completas en la televisión sin ningún reposo o intermedio.

Colita produce un efecto tan hipnótico en mí al punto en que lo sueño incontrolablemente. Lo he visto volando, corriendo en el campo, maullando en hospitales, sonriendo, bailando, platicando conmigo. Lo encuentro en otras ciudades, en otras vidas y con otros dueños. Cuando despierto, recuerdo que tengo un nuevo día, y también un gran amigo: un gato cola de ardilla que me recuerda que los felinos pueden ser dulces y muchas veces, sinceros.

Thursday, April 23, 2009

Correveydile


Correveydile es un proyecto de recuperación de muebles usados que Marcela Rochín y Mariana Nuñez acaban de lanzar al mercado. Vale la pena visitarlas y echarle un vistazo a las lámparas y las sillas. Las piezas se encuentran en exhibición en la Colonia Roma en la Ciudad de México. Es necesario hacer cita previa.

Visita el website aqui

Thursday, April 9, 2009

7.00 pm

Monday, March 30, 2009

Alejandra

Thursday, March 26, 2009

Instrucciones para peinar un erizo de mar

Para peinar a un erizo habrá que tranquilizar primero el temperamento del animal. Se sabe que abrazarlo y repetirle tres veces: eres bonito, eres bonito, eres bonito tranquiliza al equinodermo.

Después de repetirle las dulces palabras usted tiene que abrazarlo fuertemente y rociar una pócima: basta un poco de baba de cocodrilo mezclada con agua dulce y concha para suavizar un poco los picos negros de la bestia. Observará rapidamente como sus piquitos ceden como cabello de ángel.

El erizo, por su carácter arisco y temperamental, normalmente le pedirá que lo peine con un estilo punk o emo, pero si usted se topa con un erizo más conservador seguramente le solicitará un look suave y ondulado.

Para darle se look suave, le sugerimos utilizar tenazas de caracol. Recomendamos utilizar música de Bach al fondo de su estética para tener mejores resultados.